miércoles, 11 de enero de 2012

Informe sobre boxeo por el Dr. Julio F. Arteaga

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  Sesión del 24 de marzo de 1922

 Sr. Presidente de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana.

 Señor:

 El Sr. Presidente de la Cámara de Representantes, se ha dirigido al Honorable Sr. Presidente de la República, en solicitud de determinados informes técnicos que el Jefe del Estado mucho estimaría fueran emitidos por esa Academia de su digna Presidencia, a cuyo efecto me complazco en transcribir a Ud. el escrito de dicho Cuerpo Legislador, que dice como sigue:

 Habana, febrero 20 de 1922.

 Sr. Presidente de la República.

 Honorable Señor: —La Cámara de Representantes en sesión celebrada el día de la fecha, adoptó el acuerdo de solicitar de esa Honorable Presidencia, los siguientes datos: Que por la Academia de Ciencias o Colegio Médico, o por algún medio que tenga a su disposición, inquiera informe a la Cámara, si, científicamente pueden considerarse convenientes a la salud del individuo las luchas de boxeo, si los golpes que reciben los luchadores en la cara, estómago y tórax, no producen daños en el cerebro, los pulmones, la vista y demás órganos que puedan ser afectados, si la afección que dichos órganos pueden sufrir por efecto de los golpes es leve y pasajera, o si pueden producir males crónicos que perturben el funcionamiento cerebral, produzcan cataratas traumáticas o úlceras en el estómago y los pulmones.

 Lo que tengo el honor de comunicarle.

 De Vd. atentamente.

 (F) Dr. Santiago Verdeja,

 Presidente.

 De Vd. con la mayor consideración por autorización del Sr. Secretario de la Presidencia, (F) L. Lecuona, Jefe de Despacho.

 Antes de resolver la consulta anterior es pertinente aclarar lo que se entiende por "Luchas de Boxeo" y con vuestro permiso recordaré preveniente la evolución de esas luchas que tanto han apasionado en distintas épocas a los simpatizadores de ellas y a sus enemigos, hasta los extremos de ser consideradas por unos como "el arte viril de la defensa propia", y por otros como uno de los actos más brutales que pueden cometer seres humanos.
 Homero en su famosa Ilíada, Virgilio en la Eneida y otros poetas de la antigua Grecia, hacen alusión y describen el Pancratium o lucha de fuerzas con la cual se divertían las clases bajas y especialmente en los Juegos Olímpicos, empleando para esos combates, una especie de manopla de cuero muy endurecido.
 Los resultados de estas luchas antecesoras de las actuales, caracterizadas por golpes dados con los puños, solían ser fracturas y avulsión de los dientes, desgarros del pabellón auricular, y según parece las lesiones a veces determinaban la muerte, lo cual descalificaba al luchador, mereciendo tan sólo ese reproche popular por su barbaridad.
 Y no podían ser otras las consecuencias si se tiene en cuenta que esas contiendas eran de resistencia, hasta que uno de los combatientes fuera declarado vencedor y el otro vencido, y si se recuerda que además del costus, o manopla empleada, era permitido golpear en cualquier parte del cuerpo del contrario, y las luxaciones y fracturas causadas en la lucha, no eran motivos para declarar la inferioridad de algún luchador.
 Esa diversión, tanto en Grecia como en la esplendorosa Roma, siguió siendo muy popular, pero desde la caída del Imperio Romano, hasta el siglo XIX, ninguna nación civilizada, excepto Inglaterra, se ocupaba del pugilismo.
 Los ingleses entienden por pugilismo, la lucha a golpes entre dos individuos pero con los puños desnudos, es decir, sin guantes de ninguna clase.
 Ese sport llegó a entusiasmar tanto en Inglaterra y adquirió tal grado de brutalidad, que el Gobierno se vio precisado a prohibirlo, y se cuenta que la última pelea notable, a puñetazo limpio, la que sostuvieron Sayers y Heenan, que fue declarada “tabla” en medio de un gran escándalo, dejó a Sayers, casi ciego y con un tendón del antebrazo derecho en completa rotura, y por supuesto su adversario tampoco quedó en condiciones físicas menos ventajosas.
 Por ese entonces surgió Broughton, quien ha sido considerado como el padre del moderno pugilismo británico, habiendo inventado los guantes que desde entonces se emplean, modificando así las peleas, que llevan el nombre de boxeo, vocablo derivado de la palabra inglesa “Box” (golpe). También este célebre pugilista del siglo XVIII, redactó un Reglamento con tendencias a hacer menos repulsivo el entretenimiento.
 Jackson, otro famoso pugilista inglés, siguió inculcando el sport a pesar de las críticas más o menos sentimentales, habiendo tenido como discípulos a jóvenes de la más alta aristocracia, uno de ellos, el poeta Lord Byron.
 Pero la crítica adversa por lo que tenían las luchas de animalidad y fiereza continuaron y entonces, el octavo marqués de Queensberry redactó su célebre código para la lucha con guantes.
 No creemos pertinente seguir detallando la evolución del boxeo, que en resumen puede decirse que es una lucha a golpes con guantes de 8 onzas de peso, que los encuentros (rounds) deben limitarse a tres, cada uno de tres minutos de duración y con intervalos de tiempo suficientes para permitir a ambos combatientes reponerse de las fatigas del anterior encuentro. Recuérdese también que el objetivo de estas luchas ha sido tratar de equipararlas a la esgrima, hacerlas torneos de fuerzas entre caballeros y por eso no se permiten golpes por debajo de la cintura y se respeta al caído, decidiéndose la lucha por un Juez, que sin necesidad de esperar a que uno de los luchadores caiga con pérdida del conocimiento, puede adjudicar la victoria a aquel que haya alcanzado mayor núnero de puntos de técnica.
 Los sajones achacan mucha de la impopularidad que entre los elementos latinos hay contra el boxeo, a que en Francia, y especialmente en Marsella y sus cercanías, desde 1830, se boxea como los antiguos griegos, pero lo modifican dándose pateaduras y cabezazos.
 El gran Alejandro Dumas (padre) trató de modificar el boxeo francés, esforzándose por elevar su práctica, introduciendo primero reformas sugeridas por el boxeo inglés y luego, alentando a los jóvenes de la mejor sociedad a que se dedicaran a ese sport hasta entonces cultivado por las clases más inferiores del pueblo francés, pero parece que fracasó
 Es evidente que una lucha de esa índole bien reglamentada entre dos individuos, por ejemplo cultos y de iguales peso y talla no ha de causar mucho daño y quizás sí todo lo contrario, por cuanto se necesita adquirir además de fuerza muscular, cierta agilidad y actividad cerebral.
 Desgraciadamente es muy difícil encontrar esa igualdad de condiciones en los adversarios, y como que generalmente a la fuerza bruta no siempre le acompaña una mente juiciosa que con discresión llegue a golpear sin ser golpeado su poseedor, tenemos que convenir que no es extraña la aversión que por los elementos refinados y sensibles se siente por esa clase de pasatiempos, pues son bastantes frecuentes las lesiones que se causan desde las más ligeras y
pasajeras hasta las más crónicas y permanentes que producen la invalidez y alguna vez hasta la muerte.
 Como resumen de todo lo anterior y en contestación a la consulta solicitada podemos decir en conclusión:

 1—Que científicamente no pueden considerarse convenientes a la salud del individuo las luchas de boxeo.
 2—Que los golpes que reciben los luchadores en la cara, estómago y tórax, si son fuertes pueden producir conmociones cerebrales, y toda clase de lesiones al globo ocular y a cualquier otro órgano alcanzado por los golpes.
 3—Que las lesiones en cualquier órgano causadas por golpes en el boxeo, pueden ser de diversos grados, desde leves y pasajeras hasta crónicas, en cuyo caso pueden perturbar el funcionamiento de determinados órganos como el cerebro, o los ojos incluyendo la catarata traumática, o los pulmones, pero que no creemos probable que los golpes sobre el estómago causen las úlceras gástricas.




 Entrando en la orden del día se concede la palabra al Dr. Julio F. Arteaga, quien da lectura al informe solicitado por la Presidencia de la República, a petición de la de la Cámara de Representantes, relativo a las prácticas del boxeo y a los peligros que pueden acompañarla. Hace un estudio histórico de las mismas y considera los inconvenientes que pueden determinar los traumatismos que dicha práctica produce.
 Sometido a discusión el Dr. Castro manifiesta que hubiera sido conveniente establecer un paralelo entre las diversas clases de sports que producen traumatismos, condenando también las luchas de los boxeadores como motivos de especulación.
 El Dr. Santos Fernández recuerda las luchas de los gladiadores en el Circo romano y que fue necesario que viniera del lejano Oriente el monje Almaquio para interponerse entre los gladiadores, causándole su oposición el martirio, pero que esta fué la última sangre derramada en el Circo por ese medio bárbaro de complacer los deseos de sangre del pueblo romano, pues al día siguiente, el 1 de enero del año 404, el emperador Honorio decretó la supresión del combate de los gladiadores. Recuerda asimismo que el Presidente de los Estados Unidos, Teodoro Roosevelt, tenía un ojo perdido a consecuencia de una herida de la órbita en las prácticas del boxeo. También hace memoria de uno de sus primeros trabajos en que un individuo perdió uno ojo con motivo de un culatazo que le dio un soldado en una de las proscripciones para Fernando Po que se hacían de los cubanos durante la primera guerra de independencia.

 Acta sesión pública ordinaria 24 de marzo de 1922.

 Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Isla de Cuba, vol. 58, 1922, pp. 324-330 (322-24).

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