lunes, 11 de marzo de 2013

Pastoreo irracional





 
Carlos Augusto Alfonso



...se producirá mayor cantidad de pasto, en la misma área, y por tanto se alimentará un mayor número de cabezas. 

                                  André Voisin

                                                 


No sé mi alma
en qué hades del mundo está penando.
Pasto en silencio.
En mi cuartón, apacentado,
aprovecho los metros en redondo.
Como a nadie le importo,
me alejo de la estaca sin los metros de soga.
No crean que me escapo
(porque ya lo viví),
ya no soy un marcado, no soy un manierista,
que al salir de la escena sin el retraimiento,
convierte inmolación en detalle de un cuadro.
Se amplía un sarraceno con su bastón de médula,
en la pradera me guía con ajenos cencerros.
Mi Trinidad de estómagos
son ahora el padre y el lujo del espíritu,
lo digiero en silencio,
como a los desperdicios de las ideologías;
todo ese pienso líquido fue pensado por mí,
vertido en los ríos
por doncellas de viejos intereses,
matarifes de soplos en el pecho.
No sé ahora si mi alma resiste.
Quien dijo conducirme no es otro que mi hermano,
ya no doblan campanas en mi oreja,
porque saben con quienes me han cruzado.
Cuando cierro los ojos los embisto,
pero me voy de lado.
Yo no sé si mi hambre,
es un hambre de alma,
yo no sé mi alma,
de qué hambre me engaña.
Siento a las consonantes
como los banderines,
que en su hierro caliente me penetran,
porque todos insisten en darme un pedigree,
oigo a las multitudes,
en estados norteños del Pradesh.
Yo sé ahora mi alma de qué hades me engaña.
He limpiado de hierbas la redonda.
Al comerme los vitros de un libelo,
al mudarme de cuadro,
convertido en pastor,
he vuelto de la especie,
adentro,
muy adentro de la vaca sagrada.


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