sábado, 22 de abril de 2017

Traducciones del chino


 También Cristóbal [Christopher] Morley es un valor que hay que conocer en la nueva literatura —por nueva, entendemos más acá de Hawthorne, de Emerson, de Bret Harte— norteamericana. Morley es una especie de Chesterton epicúreo y sin dogmas. Es, como el inglés, gordo y escéptico; fino y ágil por dentro. Fuma del rubio de Virginia en pipa; va a Francia todos los veranos, y es un mandarín jovial e irónico, elegante y pulido, sobre las rudas letras del Norte.

DE UN POETA QUE MURIÓ JOVEN

Fue maestro de los poemas parados en seco,
De los breves poemas en que las palabras son pocas,
Pero el sentido continúa en los corazones.
Su vida, también, fue así.

TEDIO A LA HORA DEL TE

La cortesía tiene sus desventajas.
¿Se acuerda usted del viejo problema
De los Siete Corteses Mandarines?

Siete Mandarines Ceremoniosos
se reunieron para tomar el té
en una fascinante pagoda.
Surgió la cuestión de procedencia.
Ninguno de estos gentiles a la antigua
deseaba ocupar los más honorables asientos.
El celador de la casa de té,
—un tipo pequeño y calculista—
sugirió a estos simples de chapa añeja
que tomaran el té juntos diariamente
hasta que todos se hubieran sentado
en todos los órdenes posibles.

Los cándidos Mandarines
encantados de tan social solución
de su honorable dificultad
aprobaron con gran contento.
Aprendieron demasiado tarde
que se habían condenado tediosamente
a reunirse todos los días
por cerca de catorce años.

ST0P-SH0RT

Pero cómo los bárbaros norteamericanos
Descuidarán su deber filial
Que tienen que fijar, por aleluya.
Un día para honrar a sus Madres.

UN MOTE

Excelente persona ese otro amigo mío
Que, necesitando un mote para su reloj de sol.
Inscribió en él
No me interesa la oscuridad.

EL POTE

Cuando teníamos un cocinero chino
Solía preparar magníficas raciones de arroz
Con una picante salsa pardoscura,
Una salsa hecha de habas.

Un día, cuando se había marchado,
Encontré, arrojada en el desecho
(Donde encuentro tantas maravillas)
Aquel potecito obeso de arcilla.
De bruno barniz, cuello corto, pico mocho,
En que la salsa de haba había venido de China.

¡Bendito pote salsero! ¡Qué apropiado
Para colocar dos narcisos,
O una gavilla de limpia-pipas!

¡Registrad siempre el latón, of filósofos!
Que el desecho de otras gentes
Es a menudo vuestro tesoro.

MEDITACIÓN DE UN BALNEARIO

Mis amigos norteamericanos
Me dicen cómo aman los baños de mar.
Y sin embargo, cuantas veces salen del deporte
Se anegan en una ducha de agua dulce
Lavándose esa costrilla de sal
Que fue la virtud de la inmersión.

Así, oh filósofos, vuestros jocundos estudiantes
Se zambullen en vuestro acerbo piélago,
Pero antes de volver a su vida diaria
Cuidan siempre de quitarse toda traza
De vuestro hedor salado de océano.


 (Versión castellana de j. m.)


 Revista de Avance, 30 de agosto de 1927. 

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